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Abejas silvestres de Colombia Imprimir E-Mail
La conocida abeja doméstica (Apis mellifera) que criamos en panales y que produce la miel que consumimos, no es la única abeja de Colombia. De hecho, el país alberga una gran diversidad de abejas silvestres, con alrededor de 500 especies registradas hasta el momento. Entérate aquí de algunos detalles de la vida de estos interesantes insectos.

Abejas solitarias
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La mayor parte de las abejas nativas no viven en colonias formadas por una reina, obreras y zánganos, como lo hacen las abejas domésticas. Más bien, son insectos solitarios, que para reproducirse construyen su nido bajo tierra o en un agujero en una rama o un tronco. Casi todas estas abejas visitan flores, donde recogen néctar y polen, que usan para aprovisionar las celdas de su nido, con el fin de que le sirva de alimento a sus larvas. Algunas de estas abejas silvestres son muy pequeñas, de entre 3 y 10 mm de longitud. Aún las especies más insignificantes son polinizadoras importantes de muchas plantas. En climas calientes, un grupo de pequeñas abejas de la familia Halictidae son evidentes por su costumbre de posarse insistentemente sobre la piel de las personas, con el fin de absorber el sudor.

Abejas de las orquídeas
Un importante grupo de abejas en los climas calientes y templados de Colombia, con más de 100 especies, está constituido por las abejas de las orquídeas (Euglossini). La mayor parte de las abejas de las orquídeas se reconocen por su cuerpo con brillo metálico, usualmente de color verde, azul o dorado. Uno de los rasgos más notables de las abejas de las orquídeas es que los machos recogen perfumes. Para esto, arañan las flores de ciertas orquídeas que precisamente producen estas sustancias para atraer a las abejas. Mientras los insectos obtienen el perfume, se les pega a su cuerpo el polen de la flor. Cada especie de orquídea coloca su polen en una parte específica del cuerpo de la abeja euglosina que la visita y las abejas suelen visitar sólo un número limitado de especies de orquídeas. Esto asegura que el polen de la orquídea termine en otro ejemplar de la misma especie y se produzca la fecundación. Todavía no se sabe a ciencia cierta para qué emplean las abejas de las orquídeas estos perfumes, pero se piensa que pueden serles útiles para atraer a las hembras.

Los gruesos abejorros
En las zonas altas de los Andes, en regiones de clima frío y páramo, habitan los abejorros del género Bombus, característicos por su gran tamaño (hasta 35 mm) y su cuerpo muy peludo. Los abejorros viven en colonias situadas en el suelo, las cuales tienen entre 1 y 8 reinas y hasta 80 obreras. Antes de la introducción de la abeja doméstica, de origen europeo, a Suramérica, estos abejorros eran unos de los más importantes polinizadores de muchas plantas de alta montaña en el bosque andino y el páramo; actualmente sus labores de polinización son compartidas con las abejas domésticas, que suelen visitar las mismas flores que los abejorros. Aunque normalmente son tranquilos cuando están volando y alimentándose, los abejorros pueden ser agresivos si se sienten amenazados y pueden causar picaduras muy dolorosas a los intrusos que se acercan demasiado a su nido.

Oro y abejas
Cuando admiramos los increíbles trabajos de orfebrería de los antiguos pueblos indígenas de Colombia y de otras regiones de Centro y Suramérica, rara vez pensamos que las abejas estuvieron involucradas en su elaboración. La técnica desarrollada por los mejores orfebres americanos consistió en hacer diseños en cera de abejas, para luego hacer un molde de arcilla encima de ellos, después vaciar la cera calentando todo al fuego, verter el oro en el molde resultante y, finalmente, romper el molde para sacar la pieza de metal. Este método, conocido como la “técnica de la cera perdida” permite hacer figuras con un detalle que sería imposible obtener de otra manera. Muchos pueblos americanos conseguían la cera de colonias de abejas silvestres, pero los indígenas también desarrollaron una avanzada apicultura, criando abejas sociales sin aguijón (Meliponini). Específicamente los Mayas, criando preferencialmente a la abeja Melipona beecheii, denominada por ellos “Xunan Cab” (“Mujer abeja”). El oficio Maya de criador de abejas para obtener cera y miel llegó a estar muy difundido, pero ha decaído fuertemente luego de la introducción de la abeja doméstica, que es mucho más productiva. Sin embargo, aún persiste hasta nuestros días y algunas personas e instituciones trabajan para que esta tradición milenaria se mantenga.
 

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