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Picaflor lustroso - Diglossa lafresnayii Imprimir E-Mail
Los picaflores negros
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Fotografía - J. Rosenthal - 2007

En las montañas alrededor de Bogotá es muy difícil distinguir al picaflor lustroso de la subespecie residente del picaflor negro (Diglossa humeralis humeralis). Ambos son negros con los hombros de color gris. Aunque estos picaflores negros se distinguen de los lustrosos por tener la rabadilla gris, ésta rara vez es visible en campo, de modo que no es una marca muy útil para separar a las especies. Como ambos picaflores viven en medio de una espesa vegetación y se mueven por las ramas en forma incesante, a menudo resultará imposible saber qué especie estamos observando. Sin embargo, con experiencia, paciencia y un poco de suerte, es posible distinguir los dos picaflores: el picaflor lustroso, además de ser algo más grande, tiene el pico un poquito más ganchudo y la base de la mandíbula más prominente que el picaflor negro.

Picaflores en los bosques
El picaflor lustroso es un ave propia de sitios con abundante vegetación nativa. Es bastante frecuente en la parte alta de las montañas, en los matorrales cercanos al páramo, así como en los bosques andinos. A diferencia del picaflor negro, no suele visitar jardines alejados de las zonas silvestres y parece ser escaso o estar por completo ausente de las partes planas de la Sabana de Bogotá. El picaflor lustroso a menudo se une a bandadas mixtas de tangarás, atrapamoscas, reinitas y otras aves, junto a las cuales recorre los bosques en busca de su alimento.

Robando néctar
Los picaflores o diglosas son bien conocidos por su costumbre de "robar" néctar de las flores. Por lo general, las flores dan su néctar a cambio de ser polinizadas y muchas de ellas tienen diseños que facilitan el acceso al néctar sólo a unos pocos polinizadores. Por ejemplo, las flores colgantes, con forma de tubo estrecho, están diseñadas para ser visitadas por colibríes; en cambio, una abeja u otro animal pueden encontrar difícil o imposible meter su lengua en estas largas y delgadas flores. Pues bien, los picaflores han resuelto el asunto con su pico ganchudo. Con ayuda de éste, abren un pequeño agujero en la base de las flores tubulares y desde allí toman el néctar. Al comer de esta manera, las aves no tocan ni los estambres ni el pistilo, situados en la boca de la flor, de modo que no contribuyen a su polinización. Se llevan la recompensa sin dar nada a cambio.
 

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