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En Defensa de la Mirla Imprimir E-Mail

Las mirlas negras no son del agrado de todos, pero pueden ser mucho más benéficas de lo que pensamos.

La mirla, un ave adaptable y polémica

La mirla negra es ave que muchos hemos visto. De todas formas, ¿qué tan bien la conocemos? Su propio nombre puede ser indicativo al respecto. Pues la mirla, llamada negra, no es propiamente negra. ¿Nos hemos fijado alguna vez en esto? La mirla, una de las aves que más nos acompaña en las ciudades, ha sido mal interpretada en muchas ocasiones y sigue guardando aspectos poco conocidos.

Un ave polifacética
La mirla negra (Turdus fuscater) es un ave fácil de reconocer. Dentro del sobrio conjunto de su plumaje oscuro, destacan mucho su pico y patas de color anaranjado. La mirla es una de las aves más adaptables que se encuentran en las regiones de clima frío de Colombia. Su dieta es omnívora y, aunque se alimenta principalmente de frutos, no desdeña insectos, lombrices y chizas. También puede llegar a capturar y matar pequeños animales como lagartijas, serpientes, ratones y polluelos de aves. Las mirlas pueden habitar en sitios tan diversos que van desde ruidosas y contaminadas ciudades hasta bosques solitarios. Además, están a gusto desde la copa de los árboles hasta saltando por el piso. Casi ninguna otra ave es tan adaptable. De hecho, uno de los pocos requisitos que las mirlas necesitan para sobrevivir es la presencia de al menos algunas pequeñas zonas verdes, donde puedan alimentarse y anidar.

Mitos urbanos sobre la mirla
Al igual que otros pájaros negros, como los cuervos, la mirla no suele ser muy estimada por la gente. Su apariencia, en efecto, no es tan atractiva como la de otras aves. Sin embargo, no es sólo su aspecto lo que atrae el rechazo de las personas, sino sobre todo sus costumbres. La mirla es un ave robusta y agresiva y no duda en espantar a otras aves de un comedero favorable. Aún más, en ocasiones captura y mata otros pajaritos, especialmente polluelos recién salidos del nido. El mito urbano más en boga sobre la mirla consiste en el supuesto aumento de su población y en la subsecuente desaparición de otras especies de aves, entre ellas los copetones.

La “desaparición” de las aves
Ideas como esta son contradecidas por otras observaciones. Entre ellas, los datos tomados por expertos, como los de los Conteos Navideños de aves realizados por la Asociación Bogotana de Ornitología, que en 15 años no muestran ningún aumento notorio en el número de mirlas ni disminución en los copetones. La supuesta desaparición de otras especies de aves parece ser más un problema de falta de atención de la gente. Hemos visto personas, sobre todo de edad madura, caminando por el campo o parques, rodeados de coloridas aves que cantan y saltan por todos lados, que parecen no notar a estos animales en lo más mínimo y culpan a las mirlas de la "desaparición" de las aves, que antes sí veían. ¡Llegan incluso a sugerir que hay que acabar con estos pájaros negros! La realidad es que las mirlas, siendo omnivoras y no carnívoras, matan muchos menos pájaros que cualquier gato.


Los servicios de la mirla
Las mirlas también tienen facetas que pueden hablar a su favor. Cuando saltan por potreros y campos, capturan gran número de orugas, chizas y otros insectos, ayudando a controlar plagas nocivas para la agricultura. Su mayor utilidad natural se encuentra en el gran papel que realizan como dispersoras de semillas de árboles. Dentro de los excrementos de las mirlas podemos observar gran número de semillas, que pueden ser de cerezo, cucharo, mano de oso, holly o alguna otra de las decenas de especies de plantas cuyos frutos consume. Las semillas, transportadas y abonadas por la mirla, pueden crecer y, ya en forma de árboles, dar cobijo a muchos animales. En la Sabana de Bogotá la mirla es, sin duda alguna, la mayor dispersora natural de semillas de árboles con frutos.

El secreto de la mirla
En las madrugadas, cuando aún está oscuro y la noche apenas está cediendo el paso al día, se escuchan trinos y cantos aflautados, de maravillosa belleza. Este concierto dura sólo unos 15 minutos y no se vuelve a repetir en todo el día. Lo que pocos creen es que sean las mirlas las que entonan estas melodías. Pues los sonidos que escuchamos de las mirlas en horas donde es fácil observarlas, son chillidos y graznidos poco musicales. Las mirlas tienen a su favor su parentesco, toda su familia, incluyendo a los zorzales y ruiseñores, son afamados cantantes. Si nos ponemos como tarea buscar a estas artistas de la penumbra, podremos descubrir nosotros mismos su secreto.

 

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